Publicidad:
La Coctelera
0

Soñando la existencia

Ernesto era un sujeto de aquellos que raramente atraen la atención de las chicas y de cualquier persona en general, era un sujeto bastante gris a pesar de tener un ingenio que casi nadie conocía por atreverse a entablar una relación amistosa –siquiera- con él; tenía una mirada rara, como si no estuviera siempre despierto, ni del todo en este mundo. Un día cualquiera Ernesto despertó en la noche gritando y pegando un golpe en la pared más cercana a su cama - que era la de la cabecera-, se sentía asfixiado, desesperado y sus gritos dejaban ver que tenía el sentimiento de haber soñado con la nada, con el infinito, con la incongruencia y la realidad de la vida; Ernesto tenía este tipo de despertares a menudo y con frecuencia le quitaban el sueño, hasta que terminaron volviéndolo un individuo nocturno con cierta cautela hacia la noche y a los sueños existencialistas; los sueños que poseía y su manera de observar el mundo lo hacían vivir en una constante duda acerca de todo lo que le rodeaba, con frecuencia dudaba de poseer extensión, cuerpo y hasta de poseer su propio pensamiento; en ocasiones se quedaba callado porque tenía la idea de que ya todo estaba dicho, la historia le parecía absurda, le parecía absurdo el hecho de que hubieran existido tantas personas tan brillantes como Aristóteles, Leibniz o Sabines y que hayan muerto, pero que a pesar de todo sus historias y enseñanzas seguían llegando a nosotros a través de historias y libros, él prefería pensar que tal vez el mundo no tenía mucho existiendo y que la historia nos había sido dada (impuesta) a la hora en que empezamos a existir para que creyéramos que teníamos un pasado como especie humana y a la vez una teleología que buscar; creía que a pesar de tener ideas que parecían peculiares y diferentes a las de los demás, de alguna manera ya todo estaba dicho, creía que todas las ideas ya se habían expresado, que de vez en vez surgían inventos, artefactos, y tecnología nueva que podían generar ciertos enunciados nuevos, pero estos no podían tener patente y sí ser pensados por el colectivo casi al mismo tiempo; también tenía la teoría de que en cierto aspecto se podía hacer un programa que contuviera todas las palabras existentes y hacer todas las combinaciones posibles entre estas agrupándolas por oraciones de 10 palabras o 20 –el numero podía cambiar- y después hacer un análisis humano sobre las oraciones que tenían coherencia semántica y así encontrar todos los pensamientos que han existido y que pueden existir o ser expresados; pensaba seriamente en que este programa podía demostrar que nada de lo que se dice es propio ni original, que los pensamientos de alguna forma ya existían porque las palabras ya estaban y que simplemente los ‘pensamientos nuevos’ se reducían al encontrar sólo algo que nos hiciera combinar las palabras en el orden adecuado; en ocasiones cuando leía libros o cuentos tenía el sentimiento de ya conocerlos y hasta en ocasiones de haberlos pensado ya él pero de no haberse atrevido a escribirlos por desidia o porque simplemente no sabía el porqué. Aunque creía en un tipo de idealismo éste lo aterraba, le daba pánico la afirmación de que todo lo que se podía pensar se podía volver algo existente, el paso de lo epistémico a lo ontológico lo creía posible en muchas ocasiones y era precisamente esto lo que le generaba la preocupación incesante del sentirse sólo existente a causa de la idea de otra persona, el saberse contingente lo agobiaba de tal manera que en ocasiones lo que sentía era nausea y pensaba entonces que cualquier momento era su final en potencia; cuando lograba dormir tranquilo, a veces comenzaba a tener sueños que eran muy coherentes al menos con la lógica del mundo que según era el real para las personas que le rodeaban pero que estaban compuestos por personas ajenas a su mundo empírico, en sus sueños conocía gente que nunca había visto en la vida real, en más de una ocasión soñó que hablaba en un idioma con el que no había tenido más que el mínimo contacto, y mientras soñaba se decía a si mismo que recordara las palabras que pronuncio y los nombres de las personas que en sus sueños aparecía para una vez despierto buscar alguien que le dijera si es que las palabras que él soñó así como las personas eran reales o sólo un producto de una imaginación bien ejercitada a los largo de los años, pero ya despierto olvidaba las cosas que dormido se había propuesto recordar, aun así él estaba seguro de que si hubiera podido cotejar la información ésta hubiera resultado existente; de alguna manera creía que los sueños eran la ventana a vidas alternas o a una dimensión donde algunos seres existentes se podían encontrar y compartir por un instante una anécdota en común, y creía esto porque en varias ocasiones sus sueños parecían retomar sueños ya pasados, de pronto soñaba con personas con las que ya había soñado años atrás y que no recordaba y que entonces continuaban el sueño que parecía ya enterrado aunque también se cuestionaba el hecho de si cada vez que soñaba estaba creando vidas y mundos posibles a la manera en que Dios juega con el mundo sólo que sin saberlo, le daba miedo el hecho de pensar que cuando algo pasaba en su cabeza se volvía real en una dimensión y que las personas existentes en el sueño eran una creación suya que por un momento tenían individualidad y consciencia; Ernesto decidió entonces comenzar a dormir lo más posible con el propósito y la idea ya impuesta de poder manejar sus sueños, quería charlar más con las personas de sus sueños, saber si todo era producto de su creatividad o de una dimensión a la cual se llega a través de la mente o el alma como pensaban algunos autores a lo largo de la supuesta historia humana, se volvió un socio de Morfeo con tal de poder explorar y hacer saltos en las categorías y dimensiones que él a veces creía que existían, era tanto el deseo de Ernesto que un día lo consiguió y al despertar aún recordaba un nombre de alguien con quien converso en sueños, su nombre era Regina Ortiz y él apuntaba por muchos datos que podía ser de nacionalidad mexicana, Ernesto sin más decidió no tomar ningún baño ese día y preparar café mientras el ordenador iba encendiendo, estaba inserto en la idea de cotejar la información que ya quería teclear ese nombre en todos los buscadores que su ordenador le permitiera; estaba ya por sentarse frente a éste cuando escucho sonar su móvil con un timbre que le parecía un poco distante al que él había seleccionado, pensó que era una hora en que sus conocidos no suelen llamar, así que se paró un tanto extrañado en busca de su móvil sin lograr encontrarlo por alguna parte aún cuando buscaba en todos los lugares del apartamento, entonces Santiago abrió los ojos y con un mucho de pereza apagó la alarma de su móvil que llevaba unos segundos sonando, se sintió cansado, como si no hubiera descansado mientras durmió, tuvo la sensación de haber soñado algo interesante pero no lograba acordarse de siquiera algo, por lo que Santiago decidió mejor apresurarse para poder llegar a la inauguración de una exposición a la que había sido invitado, prendió un cigarrillo, se sirvió una taza de café y miro por la ventana un rato como tratando de adivinar la forma de las nubes y el porqué sentía necesidad de recordar su sueño… no pudo recordarlo nunca.

0

....el amor en los tiempos del cólera

Pero cuando empezó a esperar la respuesta a su primera carta, la ansiedad se le complicó con cagantinas y vómitos verdes, perdió el sentido de la orientación y sufría desmayos repentinos, y su madre se aterrorizó porque su estado no se parecía a los desórdenes del amor sino a los estragos del cólera. El padrino de Florentino Ariza, un anciano homeópata que había sido el confidente de Tránsito Ariza desde sus tiempos de amante escondida, se alarmó también a primera vista con el estado del enfermo, porque tenía el pulso tenue, la respiración arenosa y los sudores pálidos de los moribundos. Pero el examen le reveló que no tenía fiebre, ni dolor en ninguna parte, y lo único concreto que sentía era una necesidad urgente de morir. Le bastó con un interrogatorio insidioso, primero a él y después a la madre, para comprobar una vez más que los síntomas del amor son los mismos del cólera.

0

pelicula je t'aime, corto de tom twyker

5

Espero curarme de ti - Jaime Sabines


Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»). Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

0

la cotidianización de la crueldad

La situación que acontece en Tabasco y Chiapas es estremecedora, el prender la TV y ver todas esas imágenes y narraciones de pronto te provoca ese sentimiento de vacío en el estomago que sólo las cosas drásticas –como esas- te pueden provocar, y en verdad todo esto es para un análisis basto, ¿hasta donde nos ha llevado la modernidad?, ¿el consumir a la naturaleza por llevar una vida adecuada y acorde a lo que creemos cómoda?, en verdad creo que en cierta parte esto ocurre por todo esto que esta tan de moda a causa del político gringo Al Gore: el cambio climático, aunque no es el tema que quiero tratar en este escrito; en momentos como estos no sólo hay que ponerse a pensar en lo evidente del asunto, sino en lo que vemos en la TV y por que vemos esas cosas, hay que hacer un análisis ético y epistémico de las imágenes, de las palabras, de lo que sucede, hoy –5 de noviembre, día que escribo esto- cuando compraba de cenar en el puesto de antojitos cercano a casa, había una TV prendida en TV azteca, las imágenes que pasaban eran precisamente sobre Tabasco, sobre la cantidad de agua que se había llevado personas e inundado casi toda la población, Javier Alatorre con un look un tanto inusual –no llevaba bigote, la barba crecía pareja, iba preparado para la escasez de agua y no quería lucir mal en TV- entrevistaba a una señora –pobre señora- que estaba en una camilla dentro de una ambulancia, la señora estaba en shock porque había perdido a todos sus hijos y esposo, él ya lo sabía por eso quería entrevistarla, fue en verdad horrible ese momento, éste sujeto comenzó a hacerle unas preguntas totalmente estúpidas en todo el sentido del idiotes griego, recuerdo que le pregunto que qué había pasado; la señora entre gritos traumatizantes y con poca racionalidad –no cabe la racionalidad en esos momentos-, respondió que el agua se los había llevado…a sus hijos…a su esposo…que ahora estaba sola…que se habían ido, comprendí que era la falta de razón de momentos como ese, la arrocionalidad; entonces lo que pasó después fue asombroso y falto de todo sentido común humano, de la ley de oro, de moral o de eso que la mayor parte de la población llaman ética; Javier Alatorre preguntó “¿A dónde se han ido?”, en verdad no podía creer que hubiera tenido el descaro de preguntar eso, tanto que no pude siquiera conservar la atención en la TV, mi mente sólo pensaba en lo que acaba de presenciar, en ese descaro tan lleno de ufanísmo por parte de un reportero que se supone es de gran prestigio, me resultó lo más falto de razón y sentimiento, fue entonces cuando la señora que hacia las picadas atino a decir “ay ese Javier Alatorre ahora si se pasó, cómo le pregunta eso a la señora si está bien mal” en ese momento levante la cabeza nuevamente y pregunte cuanto debía por la comida; en verdad estaba atónito, me pareció aberrante lo que hemos causado como sociedad y lo que permitimos, la crueldad que presenciamos a diario en todos los medios de comunicación nos ha dañado la estética del mundo, la crueldad la hemos vuelto algo normal y visible en un mundo donde hay en exceso crueldad, pero el problema de hacerla tan visible son variados, de pronto sugerimos nuevas maneras de ser crueles; acostumbramos a las personas a hechos crueles y de pronto una imagen que hace años parecía atroz hoy nos parece normal y no nos genera un siquiera cerrar los ojos -ya ni a nuestros abuelos-, lo pero es cuando toda esta crueldad no sólo son imágenes sino que van con una subjetividad expresada en palabras como lo que pasó hoy mientras veía la TV en el puesto de antojitos cercano a casa; cuando vemos a una figura que –aunque muchos intelectuales y gente pensante no queramos- es de gran influencia en las masas hace comentarios asentimentales ante un fenómeno, que aunque natural, es cruel de por sí por toda la tristeza y muertes que involucra, nos estamos jodiendo con todo este tipo de vainas, por no censurarnos y creer tan vacíamente en eso que muchos escritores, periodistas y todos aquellos que creen que pueden opinar –osease todos- llaman a veces “libertad de expresión”, mi maestro de ética y de griego, siempre me decía algo con relación a esto y era algo así: “ la libertad de expresión sin consciencia es vacía, es absurda, yo con mi libertad de expresión puedo llegar y decirle a la persona que me caiga mal todas las groserías que yo quiera y ofenderla, porque es mi libertad de expresión, pero lo más natural sería obtener una trompada del otro sujeto, eso no es libertad de expresión, eso es boludez, la conciencia está ahí para regular y saber que es bueno decir y que no (aunque signifique caer en relatividad)” algo así me decía mi maestro Eliud y siempre he pensado que estaba en lo correcto, ya no es tanto libertad de expresión el sacar la foto más ruda y cruel sobre una desgracia ocurrida, es ser une imbécile, un patán, un despreocupado, un inconsciente de lo que se genera en la cabeza de las masas, yo en verdad, por mucho que el mundo sea cruel, no quiero estar acostumbrado a esta crueldad ni quiero que mis hijos lo estén, yo quiero niños e individuos que cuestionen los actos crueles, no que los acepten sin siquiera cuestionarlos como pasa ahora por tal costumbre tan arraigada por el mundo y su crueldad, es de pensarse; cuando vemos las películas donde está el sujeto bueno que llega por el malo, en ocasiones el malo ha contratado seguridad o en otras tantas como en Matrix, uno de los buenos está en un edificio de la policía, así que el tipo bueno –en el caso de Matrix …Neo- llega y comienza a matar a todos los policías con tal de llegar al malo y rescatar al sujeto bueno o simplemente con tal de matar al malo, pero en todo ese momento casi nunca nos cuestionamos el que el bueno mate a los policías, y no lo hacemos porque creemos que es el bueno y que tiene licencia para ser cruel, el bueno mata pero no importa …es el bueno; pero no es así, así lo vemos por toda la mercadotecnia de la crueldad a la cual no sé por qué coños quieren que estemos tan acostumbrados, pero simplemente no puedo terminar de comprar todas esas cosas que –aunque reales- los medios se empeñan en mostrarnos tan fríamente, y después todavía ponen una campaña tan contraria a lo que dejan ver la mayor de las ocasiones: “Ayudemos a nuestros hermanos de Tabasco”, vaya que en verdad no entiendo, apelan a nuestros sentimientos cuando siempre tratan de jugar con nuestro morbo y domesticación de lo cruel, en verdad me gustaría que se hiciera más uso de consciencia, sé que no con que escriba esto cambiare algo, pero es por no hacer acto de conscientización, de metacognición –como dicen en habilidades del pensamiento-, que los reporteros de gran reconocimiento a nivel nacional aparecen en la TV abusando de los medios y de nuestro sentido de la estética y ética del mundo, ya no se puede jugar tanto con todo esto, el juego tiene mucho que se salió de control y debemos de no comprar tan fácil a la crueldad por mucho que nos venga de la mano, tenemos que conscientizarnos un poco más todos aquellos que podemos llegar a las masas –y los que no también- sobre que cosas son aptas de decir y comentar y cuales no, sobre cuales mostrar y cuales omitir, hay que vendernos la idea de un mundo mejor, de un mundo más racional, no de un mundo donde impera la irracionalidad, porque nos acostumbraremos a ser irracionales, esto es sólo un llamada de atención al qué nos pasa que no comprendemos el dolor ajeno y de pronto jugamos haciendo preguntas como las que hizo Alatorre.

0

en el concierto del roger waters

0

0

aa quao es poesaaa dices mientras clavas mi pupila tu

¿ Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.
¡ Qué es poesía! ¿ Y tú me lo preguntas? Poesía ... eres tú.


Adolfo Becquer